← Volver al buscador
HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)
1 │ Religión y pensamiento
Basado en el libro: Introducción a la historia de la Edad Moderna
Escrito por Ernst Hinrichs
Creado con NotebookLM
2º AÑO DE FILOSOFÍA
UNED -
Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHtrkm9OjAfhKZfj83e_y2L
Lista de reproducción de :HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOHNJ4YdIsgtQ8sUSdANUo8L Chuela de estudio: https://drive.google.com/file/d/11fDcEYL-Ma4jtCNJ3N0TFSx0yqrmu4V4/view?usp=sharing
Transcripción
Normalmente cuando pensamos en la historia se nos vienen a la cabeza reyes, batallas, fronteras, pero ¿y si las verdaderas protagonistas de la historia fueran las ideas? Pues esa es justo la clave para entender la edad moderna. Las ideas no fueron un efecto secundario, no. fueron el motor que lo cambió absolutamente todo. Lo que vamos a hacer hoy es un viaje a través de tres siglos que fueron cruciales para entender cómo nació en nuestro mundo occidental moderno. Es un recorrido que nos va a llevar desde un continente que estaba unido por una sola fe hasta el nacimiento de la razón como la nueva guía de la humanidad. Para entender bien esta transformación gigantesca, nuestro recorrido va a tener cuatro paradas, cuatro etapas clave. Vamos a empezar con la gran fractura religiosa. Veremos sus consecuencias políticas y sociales y acabaremos con el triunfo de una forma de pensar completamente nueva. Venga, pues empezamos. A ver, para arrancar hay que ponerse en situación. Venimos de un mundo medieval que, al menos en lo espiritual, estaba bastante unificado y de repente entramos en una nueva era que se va a definir por el conflicto, por la duda y sobre todo por ideas revolucionarias que van a sacudir los cimientos de Europa hasta lo más profundo. Y todo este cambio tiene un punto de ignición, un un big bank, por así decirlo, con fecha y nombre. El pistoletazo de salida es la reforma protestante. Ese es el momento exacto en que la unidad de la cristiandad occidental se rompe y se rompe para siempre. Vale, vamos a meternos bien en esto. O sea, no pensemos que Lutero solo se estaba quejando por la venta de indulgencias. Eh, el tema era mucho más gordo. Lo que hizo fue lanzar un desafío directo a la idea de que la Iglesia era la intermediaria obligatoria entre una persona y Dios. puso en jaque de repente toda la estructura de poder. Y aquí está el meollo de la cuestión, la división fundamental. Por un lado, los protestantes con su sola fide, que básicamente significa tu fe y solo tu fe es lo que te salva. Es una conexión directa personal con Dios. Y en la otra esquina la Iglesia Católica que responde reafirmando que, ojo, la fe es crucial, por supuesto, pero las buenas obras también cuentan y sobre todo que la Iglesia es la guía indispensable en ese camino. Son dos visiones del mundo totalmente opuestas. Claro, esta fractura no se quedó en el papel. A nivel institucional, la respuesta fue fascinante. Por un lado, el protestantismo se diversificó a toda velocidad, fragmentándose con el apoyo de los poderes locales de los príncipes. Por el otro, el catolicismo hizo justo lo contrario, centralizó su poder, blindó su doctrina en el Concilio de Trento y creó nuevas fuerzas especiales como los jesuitas para regenerarse desde dentro y pasar a la ofensiva. Pasamos ahora a ver como esta ruptura religiosa no se quedó solo en debates de teólogos, ni mucho menos. Los líderes políticos vieron la oportunidad al momento y se dieron cuenta de que ese fervor religioso era una herramienta de poder brutal para construir sus nuevos estados. Para entender esto, hay un concepto clave que usan los historiadores, confesionalización. Sé que suena un poco a palabro académico, pero la idea es en realidad muy sencilla. Significa que la religión de una persona dejó de ser un asunto privado para convertirse en parte de su carnet de identidad como súbdito. Tu fe era la fe de tu rey y eso definía tu lealtad al estado. Y esto no fue algo que pasó sin más. se aplicó siguiendo un método muy claro, casi un manual de instrucciones con tres pilares. Primero, la alianza total entre el poder político y el religioso. Segundo, un control social durísimo sobre la vida privada de la gente, desde cómo se casaban hasta qué jugaban. Y tercero, la consecuencia lógica. Si tu fe no es la del Estado, no eres solo un hereje, eres un traidor. Y cuando hablamos de control, hablamos de un control que se metía hasta la cocina. Literalmente imagina vivir en la ginebra de Calvino y que un comité de ancianos pudiera juzgarte por tu forma de vestir o por jugar a las cartas o que un tribunal como la Inquisición tuviera la última palabra sobre tu matrimonio. El objetivo, ya fuera en un país católico o protestante, era el mismo. Moldear un súbdito obediente, un fiel perfectamente disciplinado. Pero claro, imponer esto a sangre y fuego durante generaciones acabó generando un agotamiento existencial tremendo en toda Europa. Y de ese agotamiento, de ser tadgo después de más de un siglo de matanzas en nombre del único Dios verdadero. De ahí surgió una pregunta desesperada y en el fondo revolucionaria. ¿De verdad esta es la única forma de encontrar la verdad? ¿Y si la certeza no está en la revelación divina sino en otro sitio? ¿Y si hay una verdad que no exija matarnos unos a otros para defenderla? Esa pregunta precisamente es la que nos abre la puerta a la última etapa de nuestro viaje. Es el momento del gran cambio de guion, el paso de un mundo donde Dios era la explicación para todo a un mundo donde la humanidad empieza a buscar las explicaciones dentro de sí misma, usando una nueva y potentísima herramienta, la razón. A ver, esto no pasó de un día para otro. Claro, fue una evolución, un proceso en cadena. Primero, el humanismo ya nos había enseñado a leer los textos clásicos con otros ojos, con espíritu crítico. Después, en el siglo XV, llega el racionalismo con gente como Descartes, que dice, "Un momento, la verdad se puede alcanzar solo con la razón, sin necesidad de la fe." Y finalmente llega el remate en el 18, la Ilustración, que coge esa razón y la convierte en un foco para iluminarlo y criticarlo todo. Y es super importante entender esto. Eh, el racionalismo no fue un simple juego de filósofos en sus despachos, fue una respuesta directa, casi desesperada a la crisis que se vivía. Pensemos en ello. En un mundo donde la fe había provocado una carnicería, la razón parecía el único terreno firme, la única base sólida sobre la que se podía intentar reconstruir algo con certeza. Y todo este proceso culmina en la ilustración y sus consecuencias, bueno, las vivimos hoy. Se estableció un principio radical. Ninguna autoridad, ni la del rey ni la de la Iglesia, está por encima de la crítica de la razón. Se empezó a defender la tolerancia, a decir que la fe era un asunto privado de cada cual y con todo eso se estaban poniendo los cimientos de nuestras sociedades seculares modernas. Si tuviéramos que buscar una frase para encapsular estos tres siglos de cambio brutal, creo que no hay una mejor que esta del sociólogo Max Bber, el desencantamiento del mundo. Es justo eso, el paso de un mundo que se entendía a través del misterio, de lo sagrado, de lo divino, a un mundo que busca explicaciones racionales, lógicas y materiales para todo lo que ocurre. Yeah.