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HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)
13 │ El mundo dividido en bloques Consecuencias de la II Guerra Mundial
HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA
(Sección Contemporánea)
Basado en el libro: El mundo contemporáneo: Del siglo XIX al XXI
Libro de Ramón Villares y Ángel Bahamonde
Creado con NotebookLM -
Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Moderna)
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Lista de reproducción de: HISTORIA MODERNA Y CONTEMPORÁNEA (Contemporánea)
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Transcripción
Cuando terminó la Segunda Guerra Mundial, el mundo entero pues respiró aliviado. Pero ojo, la paz que llegó no fue para nada la que se esperaba. En lugar de esa armonía soñada, la victoria nos dejó un planeta, bueno, un planeta completamente dividido, un nuevo tablero de juego con solo dos jugadores dominantes. Vamos a ver paso a paso cómo se forjó esta nueva y tensa realidad. A ver, estamos en 1945, en Estruendo de la Guerra, por fin ha cesado. Imaginen, por primera vez en años hay silencio. Con la pesadilla del fascismo ya derrotada, una ola de esperanza, pero de esperanza inmensa, recorre el mundo. Es la oportunidad de reconstruir, ¿no? De empezar de cero. Pero claro, aquí surge la gran pregunta, la pregunta del millón. ¿Qué pasa cuando los aliados, que en realidad solo estaban unidos por un enemigo común, de repente se quedan sin él? Pues lejos, lejísimos de la armonía que se esperaba, esa alianza se hizo añicos y casi casi de inmediato. Y es que lo que es irónico es que esa victoria compartida se convirtió justo en el punto de partida de una rivalidad completamente nueva. Esa alianza de conveniencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, bueno, se evaporó sin más. Y lo que dejó al descubierto fue una lucha, una lucha feroz por la hegemonía mundial. Y atención, porque esta fue la consecuencia más trascendental, la más profunda de todas. El viejo orden mundial ese en el que Europa había dictado las reglas durante siglos simplemente se hizo añicos. La guerra no solo destruyó ciudades, destruyó todo un sistema de poder. Fue, digamos, el golpe de gracia definitivo. Vamos a ver un poco más de cerca cómo se produjo este ocaso, porque es que el continente que una vez dominó el planeta de repente se vio reducido a ser el tablero de juego de dos nuevas superpotencias. una relegación, la verdad, bastante humillante. Y la gran paradoja es que incluso los vencedores europeos estaban, bueno, estaban completamente agotados. Potencias como Gran Bretaña o Francia, sí habían ganado la guerra, pero a un coste absolutamente brutal. Estaban en bancarrotas, sus imperios estaban desmoronando y su voz en el escenario mundial pues ya casi no se oía. Y claro, como se suele decir, la naturaleza odia el vacío. En ese hueco de poder que dejó Europa emergió un modelo totalmente nuevo, el mundo bipolar, dos colosos, como si fueran dos pueblos magnéticos opuestos que se adueñaron del escenario global. Y aquí el contraste de fortalezas es fascinante, de verdad. Por un lado tienes a Estados Unidos. Su territorio estaba intacto, su capacidad industrial se había duplicado y Paracolmo tenía el monopolio de la bomba atómica. O sea, su poder era sobre todo económico y tecnológico. Y por otro lado, la Unión Soviética, sí estaba devastada, pero tenía un prestigio militar inmenso por haber tomado Berlín y un control férreo absoluto sobre Europa del Este, lo que ellos veían como su nuevo cinturón de seguridad. Pero a ver, esta nueva división del mundo no es algo que se firmara en un único tratado y ya está, ¿no? No, se fue dibujando poco a poco, línea a línea, en una serie de conferencias donde la sonrisa de los antiguos aliados pues se iba volviendo cada vez más y más tensa. Es que el deterioro fue increíblemente rápido. Fíjense, en Yalta, en febrero del 45, todavía se respiraba algo de cooperación. se prometían elecciones libres en Europa del Este. Bueno, pues apenas 5 meses después en Botsdam el ambiente es ya gélido, la desconfianza es total, absoluta y ya se empieza a hablar sin tapujos de esferas de influencia. Y entonces llega Chorchill y suelta esta frase que de verdad lo resume todo a la perfección. Apenas un año después de acabar la guerra, la división ya no era una simple línea en un mapa militar, era una barrera ideológica, política y sobre todo física que partía Europa en dos. Y por eso mismo la reconstrucción de Europa no fue para nada un esfuerzo humanitario conjunto que va se convirtió directamente en la primera gran batalla de la Guerra Fría, una lucha encarnizada por la influencia. Y aquí es donde vemos la estrategia en acción clarísimamente. Por un lado, Estados Unidos lanza el famoso plan Marshall, una lluvia de dinero para reconstruir Europa occidental y esto es lo crucial para atarla al sistema capitalista. La Unión Soviética, que lo vio como una agresión en toda regla, lo prohíbe en su zona y responde creando el COMECON, su propio mercado común socialista, para blindar su bloque. Así que la división económica ya estaba servida. Pero bueno, en medio de toda esta tensión creciente también hubo, hay que decirlo, un rayo de esperanza. empezaron a surgir nuevas instituciones globales que, al menos en teoría, intentaban construir un mundo en paz, aunque claro, chocaban constantemente con la cruda realidad del poder. Y la ONU, la Organización de las Naciones Unidas, nació precisamente de esa esperanza. Su misión era noble y sobre el papel muy clara. Evitar que los horrores de la guerra mundial se volvieran a repetir. Crear un foro para que las naciones resolvieran sus disputas. Pues eso, pacíficamente. El problema es que su propia estructura ya contenía la semilla de su parálisis. El famoso consejo de seguridad le dio poder de veto a las cinco grandes potencias vencedoras. El resultado, pues que durante décadas bastaba con un simple no de Washington o de Moscú para bloquear cualquier tipo de acción, convirtiendo a la ONU muy a menudo en un espectador, bueno, en un espectador impotente. Sin embargo, y esto es importante, de las cenizas de todo ese conflicto surgió también un avance ético que fue monumental. El descubrimiento de la maquinaria de exterminio nazi, el holocausto, conmocionó al mundo de tal manera que llevó a proclamar algo nuevo, que existen derechos inherentes a todo ser humano, derechos que están por encima de cualquier estado o de cualquier ideología. Y sin embargo, la extraña paz que se instaló en el mundo no se basaba ni en la confianza, ni en la ONU, ni en los derechos humanos, no se basaba en algo mucho, mucho más oscuro, el llamado equilibrio del terror. Es una idea aterradora, si lo piensan. La única razón para no apretar el botón nuclear no era la moral, era saber que tu enemigo también lo haría, garantizando así la aniquilación mutua. Una locura. Y esa es la gran paradoja que definió las siguientes cuatro décadas. El mundo que salió de 1945 consiguió evitar otra guerra mundial. Sí, pero ¿a qué precio? A cambio de vivir bajo la amenaza constante de la aniquilación total. Y esto nos deja con una pregunta final, una pregunta que resuena todavía hoy. ¿Se le puede llamar paz a una vida que está construida sobre el miedo? Hay que dar a reflexión.