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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

22 | Marx vs Darwin | La crítica marxista al darwinismo

Marx vs Darwin | La crítica marxista al darwinismo Detalla la crítica de Marx y Engels: aceptan la evolución como hecho, pero rechazan la "lucha por la existencia" como única ley, señalando la importancia de la cooperación. Critican que Darwin proyecte la sociedad burguesa inglesa sobre el mundo natural.

Transcripción

Hay ideas que sencillamente lo cambian todo y hoy vamos a hablar de una de esas, una idea tan potente que de repente nos hizo vernos a nosotros mismos y al mundo de una forma completamente distinta. Y no, no se trata solo de la teoría de la evolución de Darwin, eh, es mucho más. Es la terminda onda expansiva que generó, cómo sacudió los cimientos de la ciencia, de la filosofía y, bueno, de nuestra propia identidad. Esta cita lo dice todo, ¿verdad? Es que la publicación del origen de las especies fue un auténtico terremoto intelectual. No fue un libro más, fue una línea que lo dividió todo. La forma de entender la naturaleza y nuestro lugar en ella cambió para siempre, un antes y un después. Así de claro. Bien, entonces, ¿cómo reaccionó el mundo ante semejante bombazo? Pues las respuestas fueron inmediatas, fueron intensas y, como vamos a ver ahora, llegaron desde los lugares más insospechados. Y aquí viene lo curioso, porque la teoría de Darwin encontró seguidores mucho más allá de la biología. ¿Quiénes fueron de los primeros en ver su potencial? Pues nada menos que Carl Mars y Friedrich Hengels. Para ellos fue una revelación. Mars, por ejemplo, vio en la lucha por la existencia un reflejo perfecto de la lucha de clases en la historia. Pero ojo, que también fueron críticos. Aplaudieron el avance científico, pero advirtieron que la teoría venía, según ellos, con un equipaje ideológico muy concreto, el del capitalismo de la época. A ver, es que ninguna idea, por genial que sea, nace de la nada y la de Darwin no fue una excepción. En realidad, fue una síntesis brillante de un montón de conceptos que ya estaban flotando en el ambiente del siglo XIX. Para entenderla bien, hay que entender de dónde venía todo. Pensemos en la teoría de Darwin como si fuera una receta con tres ingredientes principales. Primero, la idea de progreso de Compt, esa noción de que todo avanza. Segundo, el concepto de competencia de Adam Smith, que aunque parezca caótica, genera orden. Y el tercero, el ingrediente clave que lo unió todo, no vino de la biología, sino de la economía, de un pensador llamado Tomás Maltus. Y aquí está la genialidad de Darwin. Cogió una idea pensada para la sociedad humana, la de Maltus, que básicamente decía que como somos más y los recursos son limitados, nos vemos obligados a competir. Y le dio una vuelta de tuerca increíble. La universalizó. dijo, "Un momento, esto no solo pasa con los humanos, esto pasa en toda la naturaleza." Y así esa lucha por la existencia se convirtió en el motor de la evolución. El efecto dominó de esta idea fue, como vemos, gigantesco. Y si hubo un campo donde el impacto fue total, ese fue el del estudio de la humanidad, la antropología vamos, que cambió de arriba a abajo. Esto que vemos aquí es un cambio de paradigma brutal. Antes de Darwin, la gran pregunta de la antropología era, ¿qué nos diferencia? El objetivo era clasificar, poner etiquetas. Era una mirada, por así decirlo, hacia dentro. Y de repente llega Darwin y boom, la pregunta se invierte por completo. Ya no es en qué somos distintos, sino de dónde venimos todos. La obsesión pasó a ser buscar nuestro origen común, una mirada hacia fuera que por primera vez nos conectaba con el resto del árbol de la vida. Claro, este nuevo enfoque dio lugar a una ciencia de lo humano completamente nueva. Pasamos de ser una especie de creación especial a ser una ramita más en el inmenso árbol de la vida. De ahí nació el estudio de la omninización, o sea, todo ese larguísimo viaje evolutivo hasta ser lo que somos. Y también empezamos a buscar las raíces biológicas de por qué nos comportamos como lo hacemos. Pero como siempre, la historia nunca es una línea recta. A pesar de lo revolucionaria que fue, la teoría de Darwin no tardó en toparse con problemas serios. De hecho, a principios del siglo XX entró en lo que se conoce como la crisis del darwinismo, porque se la cuestionaba desde muchos frentes. Y esa era la gran cuestión que se planteaba. ¿De verdad era una teoría tan sólida? ¿Lo explicaba todo la selección natural? Para muchos científicos y pensadores de la época, la respuesta era que no, que había lagunas importantes. Las críticas principales venían, digamos, por dos vías. Por un lado, la ideológica, que decía que Darwin en realidad no estaba describiendo la naturaleza tal cual era, sino que estaba proyectando en ella los valores de su sociedad, la competencia salvaje del capitalismo victoriano. Y luego estaba la crítica científica, que era quizá más dura. La selección natural es genial para explicar por qué desaparecen los menos aptos, pero ¿cómo explica que aparezcan rasgos nuevos y complejos? Parecía ser una fuerza que destruye, no que crea. Esta frase es buenísima porque da justo en el clavo. La selección natural explicaba la supervivencia del más apto, sí, pero no la llegada del más apto. Es decir, podía explicar por qué un animal con un ojo muy desarrollado sobrevivía mejor, pero no explicaba de dónde narices había salido ese ojo tan complejo. En primer lugar, ahí había un vacío creativo que la teoría por sí sola no parecía poder llenar. Y quizá esa sea la mejor manera de ver todo esto. El legado de Darwin no es tanto una respuesta final y cerrada, sino el pistoletazo de salida de una conversación fascinante. Una conversación científica que a día de hoy sigue muy viva, que sigue evolucionando y haciéndose más rica con cada descubrimiento. Así que lo dejamos aquí con una última reflexión. Si una teoría tan fundamental como la de Darwin estaba tan influida por las ideas de su época, ¿qué ideas de nuestro tiempo se están filtrando en lo que hoy consideramos verdades absolutas? Es una pregunta que, desde luego, da que pensar.