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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

24 | La juvenilización de la especie | Proterogénesis, neotenia y prematuridad

La juvenilización de la especie | Proterogénesis, neotenia y prematuridad Explica conceptos biológicos claves: la prematuridad del parto (nacer antes de tiempo por el tamaño cerebral), la neotenia (retención de rasgos juveniles/plasticidad) y cómo esto obliga al ser humano a tener un "útero social", dependiendo del aprendizaje y la cultura para completarse.

Transcripción

A ver, pensemos en esto un momento. Somos la especie que domina el planeta, ¿no? Construimos ciudades, viajamos al espacio, pero al nacer somos de las criaturas más increíblemente frágiles y desvalidas que existen. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo es posible que nuestra mayor vulnerabilidad sea en realidad la clave de todo nuestro éxito? Pues bien, hoy vamos a desentrañar esta paradoja tan fascinante. Vamos a empezar con un enigma que todo el mundo conoce. Un potrillo a las pocas horas de nacer ya está de pie caminando. Un bebé humano en cambio, depende de los demás durante años. Es una dependencia total. Entonces, la pregunta es obvia, si estamos en la cima de la cadena evolutiva, ¿por qué nacemos tan indefensos? Para encontrar la respuesta, tenemos que darle una vuelta a cómo entendemos la evolución. Hay que fijarse en una regla que a menudo se nos pasa por alto, una regla que lo cambia todo, la regla de la juventud. Antes se pensaba con la teoría de la palingesia que cada uno de nosotros al desarrollarnos repetía la historia evolutiva de la especie. Pero, ¿y si es justo al revés? Esto es lo que propone una idea mucho más potente, la proterogénesis. No es que el individuo repita el pasado, es que en los jóvenes, en las crías, es donde aparece por primera vez el futuro de la especie. Y este fenómeno, cuando hablamos de los humanos, tiene un nombre clave que tenemos que recordar, neotenia. Es básicamente el proceso que nos ha llevado a ser una especie cada vez más juvenilizada o para que nos entendamos nos convirtió en el simio que nunca termina de crecer. O sea, que el punto fundamental es este. Mientras otras especies se dan prisa por madurar y hacerse adultas, nuestra estrategia evolutiva ha sido justo la contraria. Hemos evolucionado conservando nuestros rasgos juveniles durante toda la vida. Y mirad, aquí tenemos una prueba visual que es alucinante. Si comparamos los cráneos, pasa algo que te deja pensando. El cráneo de un chimpancé bebé se parece muchísimo más al de un humano adulto que al de su propio padre, un chimpancé adulto. Es que somos literalmente simios con cara de cría. ¿Vale? Entonces, ¿cómo ocurrió esto? ¿Cuál fue el mecanismo que activó esta juvenilización? Pues la respuesta está en una especie de pacto evolutivo increíble, nacer antes de tiempo. Y aquí entra nuestro tercer concepto clave, la prematuridad. Dicho de forma sencilla, significa que los bebés humanos nacemos, biológicamente hablando, a medio hacer. Y es justo en este nacimiento, en esta condición de estar incompletos, donde vamos a encontrar la solución a nuestra gran paradoja. Este nacimiento prematuro fue la solución a un dilema evolutivo tremendo. Por un lado, al empezar a caminar erguidos, la pelvis de nuestras antepasadas se fue estrechando. Pero por otro lado, nuestro cerebro no paraba de crecer. El cráneo era cada vez más grande. La única salida posible a este conflicto que el parto se adelantara. nacer antes cuando la cabeza todavía podía pasar por el canal del parto. Y aquí, justo aquí, es donde la historia da un giro espectacular, porque lo que parece un defecto de fábrica, esto de nacer sin terminar, es irónicamente nuestro mayor superpoder. Vamos a ver las consecuencias. El hecho de nacer incompletos tiene cuatro efectos brutales que todos juntos son los que nos definen como especie. Lo primero, al salir del útero biológico, el bebé no está listo para nada. Entra en lo que podríamos llamar un útero social. Su desarrollo no termina dentro de la madre, sino fuera, en el mundo, moldeado por la familia, la cultura, todo lo que le rodea. De hecho, es que mirad este dato, es increíble. Casi el 80% de las conexiones de nuestro cerebro se forman después de nacer. Esto significa que nuestro cerebro no viene ya programado de serie, ¿no? Se va cableando sobre la marcha en directo a través de la interacción con los demás y con el entorno. Segundo punto clave, esta condición de prematuros nos deja sin las respuestas fijas, sin esos instintos que guían a la mayoría de los animales. Una tortuguita recién nacida sabe perfectamente que tiene que ir hacia el mar. Nosotros no tenemos ni idea de nada. Esto, claro, crea un vacío enorme. Si no tenemos instintos que nos digan qué hacer, ¿qué es lo que ocupa ese espacio? ¿Qué guía nuestro comportamiento? Pues la respuesta es esa, la cultura. Ese hueco que deja la biología, es precisamente el campo de cultivo para todo lo demás, para el aprendizaje, para el lenguaje, para las normas sociales, en una palabra, para la educación. Así que la gran idea, la conclusión de todo esto es que nuestra biología no es un destino cerrado y sellado, es más bien un punto de partida. Es como un trampolín que nos lanza hacia el universo casi infinito de la cultura. Y con esto volvemos al principio, pero ahora lo vemos todo con otros ojos. Esa infancia larguísima, esa indefensión total al nacer, no son un error de la evolución, al contrario, son el diseño intencionado que nos permite ser tan flexibles, tan adaptables. Así que sí, sin ninguna duda, nuestra aparente debilidad es en realidad nuestra mayor fortaleza.