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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

5 2 │ Filosofía Política │ Dante

🤔 Dante Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Dante Alighieri (1265-1321), aunque cronológicamente medieval, anticipa en su obra De Monarchia (1311) temas renacentistas cruciales, especialmente el deseo de una autonomía del poder político frente al eclesiástico. Su contexto es el de un exiliado gibelino (blanco) que sueña con la pacificación de Italia bajo un Emperador fuerte. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

A ver si pensamos en Dante Aleri, ¿qué es lo primero que se nos viene a la cabeza, pues casi seguro que es una imagen muy concreta. Claro, su viaje épico por el infierno. Es que es una obra maestra, ¿no? Ha definido cómo nos imaginamos el más allá durante siglos. Pero y aquí viene lo interesante, lo que muchas veces se nos escapa, es que Dante no era solo un poeta. ¿Qué va? Era un pensador político superradical. tenía una idea tan, pero tan controvertida que la Iglesia prohibió su obra durante 500 años. O sea, que vamos a ver qué era eso tan peligroso que proponía. Vale, para entender sus ideas primero hay que entender su mundo. Y su mundo, para que nos hagamos una idea, era un caos absoluto. Es que Dante vivió en una época de guerra civil constante. Él nació en Florencia, que era una ciudad de estado potentísima, y acabó metido de lleno en las luchas políticas de su tiempo. Tanto que en 1302 lo exiliaron y, ojo, bajo pena de muerte se pasó el resto de su vida de un lado para otro, soñando con una Italia que por fin estuviera en paz. Y fue precisamente ahí, en el exilio donde dio forma a su gran visión política. El problema de fondo, tal y como lo veía Dante, era una lucha de poder que no acababa nunca. Por un lado, tenías a los señores feudales, las ciudades estado, todos a la greña por ver quién mandaba más. Y por otro lado estaba el papado, que no se conformaba con la autoridad espiritual, ¿no? No, también quería poder temporal, o sea, poder aquí en la tierra. Y claro, eso echaba más leña al fuego. Para Dante esa división era la raíz de todo el sufrimiento. Entonces, ante todo este dío, ¿qué solución propone Dante? Pues algo atrevido, algo muy muy radical. Lo que propuso fue la idea de un imperio universal, un solo gobernante supremo, llámalo monarca, llámalo emperador, que tuviera la última palabra sobre todos los demás reyes y príncipes. Y su único trabajo, su único objetivo sería mantener la paz. Ojo, no se trataba de ir conquistando, sino de hacer de árbitro, de poner fin a las peleas. Y lo más curioso es cómo monta todo el argumento. No es un simple deseo, no. Para él era una conclusión lógica. Fijaos en los pasos. El primero, basándose en Aristóteles, dice que el objetivo de la humanidad es el conocimiento, desarrollar nuestro intelecto a tope. ¿Vale? Segundo paso, esto es imposible si estamos todo el día en guerra, ¿verdad? Se necesita paz. Y por lo tanto, aquí viene lo crucial, el tercer paso. Hace falta una autoridad única y suprema que imponga esa paz, como un árbitro mundial, por así decirlo. Su lógica teológica, además, era aplastante. Es que Dante se inspiró, fijaos, hasta en una de las oraciones más sagradas del judaísmo, el Shemay Israel, para decir que el orden en la tierra tiene que ser un reflejo del orden divino. Si hay unidad en el cielo, tiene que haber unidad en la tierra. La idea, desde luego, tiene una fuerza tremenda. Vale, pero ¿quién debería estar al mando de este imperio universal? Para Dante la respuesta estaba clarísima y el argumento que usa para defenderla es sencillamente fascinante porque no valía cualquier imperio, no tenía que ser el heredero del Imperio Romano. Y aquí es donde su razonamiento se pone todavía más atrevido. Él defendía que Roma no fue un simple imperio conquistador y brutal, sino que fue el instrumento elegido por Dios. Y para demostrarlo ofreció lo que para él eran pruebas irrefutables. Primero, las victorias increíbles de Roma no eran cosa de suerte, eran juicios de Dios, como una especie de juicio por combate a nivel mundial que siempre ganaban. Segundo, todo ese éxito demostraba que eran el pueblo más noble y el argumento definitivo, la guinda del pastel, fue el Imperio Romano el que creó la Paxa Augusta, esa paz que permitió que Cristo naciera en un mundo ordenado. Para Dante esto no era casualidad, era directamente el plan de Dios. Y con todo esto llegamos a la parte más más revolucionaria de su pensamiento, a la idea que le causó tantísimos problemas. A ver, la idea que se aceptaba en la Edad Media era la que se conocía como la teoría del sol y la luna. Era muy sencillo. El Papa era el Sol, la fuente de toda la luz, de toda la autoridad, y el emperador era la luna, que lo único que hacía era reflejar la luz del Papa. O sea, que su poder no era suyo, se lo daba la Iglesia. Pues bien, Dante llega y destroza por completo ese modelo. Él propone la teoría de los dos soles. Aquí se ve muy bien, dos fuentes de luz iguales e independientes. El Papa es un sol, ¿sí? Y su trabajo es guiar a la humanidad a la salvación eterna. Pero el emperador es otro solión totalmente diferente. Guiar a la gente hacia la felicidad aquí en la tierra usando la justicia y la ley. Así que la clave de todo es esta. El poder del emperador no viene del Papa, ¿no? Ambos reciben su autoridad directamente de la misma fuente, de Dios, pero cada uno para una cosa. Son como dos caminos paralelos que nunca, nunca deberían cruzarse. La consecuencia de esta idea fue y sigue siendo brutal. Cambió para siempre el pensamiento político en Occidente. ¿Cuánta jurisdicción política debería tener el Papa segundante? Bueno, su respuesta lo resume todo perfectamente. Cero. Ninguna. Absolutamente ninguna. Al trazar una línea tan clara y defender que el terreno del emperador, o sea, la política, la ley, la vida de los ciudadanos, era algo autónomo y no dependía de la iglesia, Dante estaba poniendo una de las primeras piedras para lo que hoy conocemos como la separación entre iglesia y estado. Una idea que, bueno, tardaría siglos en cuajar del todo, pero la semilla, la semilla está justo aquí. Así que al final resulta que el poeta del infierno nos dejó una visión muy radical para la Tierra, una visión de paz universal gobernada por una ley secular. Y nos deja una pregunta que 700 años después sigue resonando con fuerza. Dante trazó una línea entre el altar y el trono. Pero, ¿alguna vez esa línea se ha quedado quieta en su sitio?