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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

5 5 │ Filosofía Política │ Tomás Moro

💡 Tomás Moro Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Tomás Moro (1478-1535) inaugura con Utopía (1516) un nuevo género literario y político. Su obra es un espejo cóncavo de la realidad europea: proyecta un mundo ideal ("Ninguna Parte" o U-topía) para denunciar las miserias del mundo real. Moro, canciller de Enrique VIII y mártir católico, combina el realismo político más agudo con el idealismo humanista. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

Vamos a meternos de lleno en una de las ideas más potentes y radicales de la historia. Utopía. La obra que Tomás Moro publicó allá por 1516. Es un experimento mental sobre cómo sería la sociedad perfecta, que fíjate, 500 años después sigue dándonos que pensar una barbaridad. Pensemos por un momento que tenemos esa oportunidad. ¿Cómo sería ese mundo? Y ojo, que esta pregunta no es de ahora ni mucho menos. Nació en una época alucinante, la de los grandes descubrimientos, cuando los mapas estaban redibujando y parecía que en algún rincón del mundo cualquier cosa era posible. A ver, para entender utopía de verdad, hay que viajar a su época. El descubrimiento de América fue la chispa que lo cambió todo. Fue como si de repente la gente tuviera un lienzo en blanco para pensar la sociedad. Si la vieja Europa estaba corrupta y rota, pues quizá solo quizá al otro lado del océano se podría empezar de cero y construir algo justo y racional. Y claro, la persona detrás de todo esto no era un soñador cualquiera. Eh, Tomás Moro era un humanista, un abogado brillantísimo y nada menos que canciller de Inglaterra, o sea, la mano derecha del rey Enrique VII. Estamos hablando de un tipo que estaba en la mismísima cima del poder y aún así se atrevió a escribir una crítica demoledora del sistema que él mismo representaba. El libro de utopía, para quien no lo sepa, se divide en dos partes y lo más curioso es que la primera no va de un mundo ideal, todo lo contrario, es literalmente una autopsia, una autopsia brutal y sin anestesia de la Inglaterra de su tiempo, un lugar que Moro veía como profundamente enfermo. Y aquí viene una de las frases más famosas y más potentes del libro. ¿A qué se refire con esto? Pues a algo muy real que estaba pasando, los cercamientos. Resulta que los nobles estaban cercando las tierras comunales, las que los campesinos usaban desde hacía siglos para meter ovejas. ¿Y por qué ovejas? Pues muy simple, porque el negocio de la lana daba muchísimo dinero. Lo que Moro describe es una especie de efecto dominó, pero terrible. Primero echaban a los campesinos. Sin tierra ni trabajo, se convertían en vagabundos. La desesperación, lógicamente, los llevaba a robar para poder comer. ¿Y qué hacía el estado? Pues muy sencillo y muy cruel. La orca. Moro lo vio clarísimo. El propio sistema estaba fabricando delincuentes y luego los castigaba sin piedad alguna. Pero Moro no se queda ahí en la superficie. Va más allá. Se pregunta, "A ver, ¿qué es lo que lleva un noble a dejar en la calle a cientos de familias solo por ganar más dinero? ¿Qué motor mueve esta espiral de miseria y de violencia?" Y aquí es donde llega su diagnóstico. Un diagnóstico que, hay que decirlo, fue una bomba en su día y la verdad lo sigue siendo hoy. Para Tomás Moro, la raíz de todos los males, el origen de todo es la propiedad privada. Su conclusión es tajante, no hay medias tintas. Mientras existan la propiedad privada y el dinero, es casi imposible que una sociedad sea justa y prospera. Y con ese diagnóstico tan brutal pasamos a la segunda parte del libro, la que le da nombre. Aquí entra en escena un personaje, un marinero llamado Rafael Hitlodeo que nos describe la solución. Una isla llamada Utopía, un lugar donde sencillamente la propiedad privada no existe. Es como si Moro pusiera un espejo delante de su mundo y el contraste que se refleja es tremendo. En su Inglaterra, la propiedad creaba una desigualdad brutal. En Utopía, todo es de todos. En Inglaterra trabajar era una condena para casi todo el mundo. En utopía es una tarea de todos, pero limitada. Seis, solo 6 horas de trabajo al día. ¿Y cómo es posible esto? Pues la respuesta de Moro es sorprendentemente simple, porque en Utopía todo el mundo trabaja. Hombres, mujeres, no hay clases ociosas, ni nobles ni clérigos que vivan a costa de los demás. Al repartir el trabajo entre todos, pues claro, el esfuerzo de cada uno se reduce muchísimo. La vida allí está organizada de una forma totalmente racional. Para empezar, no hay dinero. Si alguien necesita algo, va a un almacén público y simplemente lo coge. Las ciudades son idénticas, todas planificadas. Las casas ni siquiera tienen cerraduras y se sortean cada 10 años para que nadie les coja demasiado cariño. Y el tiempo libre, que es mucho, no es para no hacer nada, es para el ocio culto, para leer, estudiar, debatir, hacer música. Hasta ahora, la verdad, todo suena bastante bien, ¿no? Una sociedad sin pobreza, sin envidias, con tiempo para cultivarse, pero y este es un pero muy grande. Moro era demasiado listo para dar una solución fácil. Y aquí es donde la cosa se pone, bueno, inquietante y muy muy moderna. Es que Moro va dejando miguitas de pan, pistas muy sutiles, casi como un chiste interno. El propio nombre Utopía es un juego de palabras griego que significa no lugar, un sitio que no existe. Y el marinero que nos cuenta todas estas maravillas se llama hitlodeo, que se podría traducir como experto en sin sentidos. ¿Nos está diciendo Moro que todo esto es una fantasía, una ironía? Por un lado, el resultado es evidente. En utopía han solucionado de raíz los problemas de Europa. No hay codicia, no hay miseria, no hay crímenes por necesidad. Es una sociedad que funciona en paz y abundancia, pero claro, el precio a pagar es altísimo. Para que todo funcione así de bien, la vida de cada persona está completamente expuesta. Como dice el propio libro, allí todos están bajo la mirada de todos. No hay sitio para los secretos, no hay espacio para la vida privada. Y si rascamos un poco, los detalles son la verdad para echarse a temblar. La vigilancia es total y constante. El Estado decide quién se muda de una ciudad a otra para mantener todo equilibrado. Los trabajos más duros y desagradables los hacen esclavos. Y aunque se toleran las religiones, el ateísmo está prohibido porque se piensa que alguien que no teme a un Dios no es de fiar. La libertad individual, en fin, se sacrifica por el bien del grupo. Y ahí está la genialidad. Y también la gran paradoja del libro Utopía es las dos cosas a la vez. Por un lado, es la inspiración para ese ideal socialista de un mundo más justo e igualitario. Y por otro lado, es una advertencia, casi una profecía sobre los peligros de un estado que lo controla todo y que buscando el bien común acaba aplastando al individuo. Y esa es la gran pregunta que Moro deja en el aire, una pregunta que lleva 500 años resonando y que hoy quizá es más importante que nunca. ¿Compensa tener una seguridad total si el precio de renunciar a la libertad total? ¿Qué estamos dispuestos a sacrificar por un mundo perfecto, un mundo sin carencias? La respuesta quizá no está en utopía, en ese no lugar, quizá no está en ningún mapa.