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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II

5 7 │ Filosofía Política │ Campanella

📜 Campanella Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO. Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM. Tommaso Campanella (1568-1639), dominico calabrés, filósofo, mago y conspirador, cierra el ciclo de las utopías renacentistas con La Ciudad del Sol (1602). Su propuesta es una extraña síntesis de comunismo radical, teocracia católica, magia astrológica y eugenesia. Es una utopía reaccionaria y revolucionaria a la vez. Lista de reproducción del curso: https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU

Transcripción

A ver, imaginemos por un momento, ¿y si para crear la sociedad perfecta tuviéramos que renunciar a la familia, a nuestras cosas, incluso al amor? Pues esa es la pregunta que nos lanza la ciudad del sol, la increíble visión de un filósofo del siglo X, Tomáso Campanela. Y ya os adelanto que su respuesta se parece más a una tiranía que a una utopía. ¿Vale? Lo primero que hay que entender de la ciudad del Sol es que es una paradoja enorme, porque por un lado tiene ideas que son supermodernas, casi de ciencia ficción para la época, pero por otro su gran objetivo es totalmente reaccionario, volver a un ideal de unidad y de control total, una forma de ver el poder casi casi medieval. Y claro, la pregunta es, ¿a quién se le ocurre algo así? Pues ojo que no hablamos de un académico tranquilo en su despacho, no. Hablamos de Tomaso Campanela, un monje dominico, un conspirador y un hombre que se pasó atención 27 años en la cárcel. Y fue precisamente ahí, desde su celda donde imaginó este mundo. Para Campanella, la clave de todo, la idea que lo mueve todo es esta, la unidad absoluta. O sea, mientras que otros pensadores de su tiempo ya empezaban a valorar la división de poderes y esas cosas, él iba totalmente a la contra. Para él, la sociedad perfecta solo funciona si todo, absolutamente todo, obedece a una única autoridad, a una sola cabeza. Venga, pues vamos a darnos un paseo por esta ciudad. Vamos a ver cómo esa obsesión por la unidad lo moldea todo, desde la sociedad hasta los propios edificios, porque de verdad que es algo único. La estructura de poder es una pirámide de manual clarísima. Arriba del todo, en la cima, está el jefazo, el sol o el metafísico. Y no es un rey cualquiera, ¿eh? Es un rey sacerdote, el tipo más sabio que concentra en sus manos todo el poder, tanto el terrenal como el espiritual. Todo. Justo por debajo de él tiene a tres ministros, que son los que cortan el bacalao en el día a día. Está Pon, que se ocupa de la guerra y la defensa. Luego Sin, que controla todo lo que tiene que ver con el saber, la ciencia, el arte, la educación. Y por último, Mor, el ministro del amor, que decide sobre la reproducción, la salud, la comida. Es que si lo pensamos bien, no hay ni un solo aspecto de la vida que se escape de su control. Y esta organización tan estricta se ve en la propia ciudad. Está construida con siete murallas, una dentro de otra, y cada una tiene el nombre de un planeta. Pero lo verdaderamente alucinante es que la arquitectura es también la escula. Las murallas están pintadas de arriba a abajo con todo el conocimiento humano. Animales, plantas, matemáticas. Son como un libro de piedra gigantesco. Los niños aprenden literalmente paseando por la calle. Pero bueno, si todo esto ya parece bastante intenso, es en el día a día de la gente donde la ingeniería social de Campanela se vuelve de verdad radical, porque él creía que para lograr esa unidad perfecta tenía que cargarse dos pilares básicos de, bueno, de cualquier sociedad que se nos ocurra. El primero, la propiedad privada. Fuera. En la ciudad del sol nadie es dueño de nada. Todo pertenece a la comunidad. La lógica de Campanela es bastante directa. Tener cosas te vuelve egoísta y hace que solo pienses en ti. Así que si lo quitamos todo de en medio, la gente se centrará en el bien común. Y si con eso no bastaba, agárrense, porque va por el segundo pilar, la familia. También fuera. En esta ciudad no existen los matrimonios ni los lazos de sangre. Las mujeres y los hombres son comunes y los niños, bueno, los niños no son de sus padres, son del estado. Vale, lo de eliminar la familia ya suena bastante fuerte, pues esperen a ver cómo se organiza el tema de tener hijos, porque aquí es donde la visión de Campanela se pone de verdad muy pero que muy inquietante. Claro, la pregunta cae por su propio peso. Si no hay familias y el amor no decide con quién estás, entonces, ¿quién decide quién tiene hijos y con quién? Pues la respuesta es quizá la idea más distópica de todo el libro, la eugenesia astrológica. Ojo al nombre. Aquí tener hijos no es un acto privado, no tiene nada que ver con el amor, es un deber para con el Estado, para conservar la especie. Son los magistrados los que eligen qué hombre se une a qué mujer y hasta te dicen el momento astrológico exacto. Todo con el objetivo de crear la descendencia perfecta. Y la lógica tan fría y científica que hay detrás de esto la resume el propio Campanela en esta frase que es brutal. El argumento es simple. Si nos esforzamos tanto en criar selectivamente a caballos y a perros para mejorarlos, ¿porque no hacemos lo mismo con nosotros? El amor individual da igual. Lo único que importa es el amor a la comunidad. Así que cuando juntas todas las piezas del pudude, el control político total, la abolición de la familia y la propiedad, la reproducción dirigida, el resultado es bastante inevitable. Estamos ante la forma más pura de un estado totalitario. Esto nos lleva a un concepto que lo explica todo a la perfección, el holismo totalitario. ¿Y qué es eso? Pues un sistema donde el individuo no es nada, es solo un engranaje en la gran máquina del Estado, la especie, la comunidad, eso es lo único que importa. Y toda libertad, ya sea sexual, económica o intelectual, se sacrifica en nombre de una felicidad colectiva que encima está gestionada científicamente por esa élite de sabios sacerdotes. Y todo esto nos deja con una pregunta final, una que resuena a lo largo de los siglos. La visión de Campanela en esa búsqueda obsesiva del orden y la unidad ilustra la perfección, el eterno conflicto entre la libertad del individuo y la seguridad del colectivo. Es posible tener una sociedad perfectamente ordenada sin anular a la persona por el camino. La ciudad del Sol nos obliga como mínimo, a darle una vuelta.