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HISTORIA DE LA FILOSOFÍA MEDIEVAL Y RENACENTISTA II
5 8 │ Filosofía Política │ Maquiavelo
🎓 Maquiavelo
Basado en el libro de Rafael Herrera, LA PRIMERA FILOSOFÍA MODERNA - EL RENACIMIENTO.
Creado por Borja Brun, usando NoteBookLM.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527) provoca la ruptura definitiva con la tradición moral de Occidente. Es el fundador de la ciencia política moderna al separar la política de la ética y la religión. Su objetivo no es el "deber ser" (utopía), sino la "verdad efectiva de la cosa" (verità effettuale). Lista de reproducción del curso:
https://www.youtube.com/playlist?list=PLwC-RDH8ScOGo4QrWAL_wgcbmWpJvvcsU
Transcripción
Hay nombres que resuenan a lo largo de la historia, claro, pero poquísimos han sido tan malinterpretados y tan temidos como el de Nicolás Maquiabelo. Hoy vamos a meternos de lleno con las ideas de este pensador florentino que básicamente le dio la vuelta por completo a cómo entendíamos la política. Así que preparaos porque vamos a sumergirnos en el mismísimo corazón del poder y vamos a empezar con esta frase que es como un puñetazo directo al estómago. Es que resume a la perfección la filosofía tan cruda de Maquiabelo. Él no se andaba con rodeos. El mundo de la política es un lugar peligroso y la bondad, vamos, tal y como la entendemos, puede ser tu sentencia de muerte. Y esto nos lleva de cabeza a su movimiento más controvertido y sin duda el más famoso, separar de forma radical la política de la ética de toda la vida. A ver, ¿es posible gobernar sin seguir los preceptos morales que nos han enseñado siempre? Para Maquiabelo es que no solo es posible, es que es absolutamente necesario. Es que Maquiabelo no tenía tiempo para utopías ni para mundos ideales. Su obsesión era lo que él llamaba la vedidad efectuale, o sea, la verdad efectiva de las cosas. Quería entender el poder tal y como funciona en el mundo real. con toda su crudeza y su complejidad, no como los filósofos imaginaban que debería ser. Y claro, para entender esa realidad hay que empezar por la base, la naturaleza humana. Así que el punto de partida es este y es crucial, una visión super pesimista de la naturaleza humana. Para él, si un líder no entiende que la gente es, en el fondo egoísta y poco fiable, está destinado al fracaso desde el minuto uno. Y esta idea, ojo, es la piedra angular sobre la que construye absolutamente todo lo demás. Y la lógica que sale de aquí es simplemente brutal. Un gobernante que quiera ser eficaz, un príncipe, tiene que aprender y activamente a no ser bueno cuando la situación lo exige. ¿Y por qué? Porque el objetivo final ha cambiado por completo. Ya no se trata de salvar tu alma o de ser un buen cristiano. De lo que se trata es de salvar el estado. Y si para salvarlo hay que mentir, traicionar o incluso matar, pues que así sea. Vale, entonces si aceptamos esta premisa tan dura, ¿qué herramientas concretas nos da Maquiabelo para movernos en este mundo tan peligroso? Bueno, pues vamos a ver algunas de sus famosas artes oscuras. A ver, Maquiabelo veía la política como una lucha constante entre dos fuerzas. Por un lado está la fortuna. que es básicamente la suerte, el caos, todo aquello que no podemos controlar. Imaginaos un río salvaje que amenaza con arrasarlo todo. Pero por otro lado está la virtud. Y ojo que no es la virtud moral, es la habilidad, la audacia, la inteligencia del líder para construir diques y conseguir canalizar ese río caótico a su favor. Y esto explica a la perfección cómo tiene que ser ese líder. No puede ser solo una cosa. Debe combinar la fuerza bruta del león para asustar a sus enemigos con la astucia del zorro para no caer en las trampas que seguro le van a atender. Si eres solo león, eres predecible y caes en trampas. Si eres solo zorro, te aplastan por la fuerza. Se necesitan las dos cosas. Y aquí llegamos a esa frase que aunque él no la escribió exactamente con estas palabras, resume una de sus ideas más bestias. Lo que Maquiabelo viene a decir es que si el resultado final es bueno, si el estado se salva y se mantiene estable, las acciones que se han tomado para conseguirlo, por muy crueles que parezcan, serán vistas como honorables por la gente que al final solo se fija en los resultados. Este es su dilema clásico y su respuesta a la verdad es tajante. El amor es genial, pero es un vínculo superfágil que la gente rompe a la mínima por su propio interés. El miedo, en cambio, bueno, el miedo se mantiene gracias a la amenaza del castigo, un sentimiento mucho más fiable, mucho más duradero. Así que para un gobernante el miedo es una herramienta de poder mucho más estable que el amor. Pero ojo, aquí hay un matiz que lo es todo. Una cosa es ser temido y otra muy muy diferente es ser odiado. El odio es el principio del fin para cualquier gobernante. ¿Y cómo se evita? Maquiabelo da un consejo muy práctico. No te metas ni con las propiedades ni con las familias de tus súbditos. Mientras respetes eso, el miedo no se convertirá en un odio que acabe por destruirte. Claro, llegados a este punto, es fácil pensar que Maquiabelo era simplemente un cínico, un maestro de tiranos. Pero para entenderlo de verdad, tenemos que hacernos una pregunta clave. ¿Por qué? ¿Qué le llevó a dar estos consejos tan despiadados? Vamos a plantear la pregunta directamente. ¿Era Maquiabelo un monstruo, un simple defensor de la tiranía o había algo más? ¿Una razón desesperada detrás de toda esa aparente crueldad? La respuesta, como vamos a ver, lo cambia absolutamente todo. Para entenderlo, tenemos que viajar al mundo en el que vivía. La Italia de Maquiabelo no era un país, era un caos, un mosaico de pequeños estados superdbiles, corruptos y siempre en guerra entre ellos. Era el patio de recreo de potencias como Francia y España. Estaba, en resumen, hecha un auténtico desastre. Así que el príncipe no es un manual sobre cómo ser un tirano por gusto, no. Es un grito desesperado. Es un manual de emergencia para una situación límite. Maquiabelo estaba buscando un líder, un príncipe nuevo, que tuviera la fuerza y la astucia para de una vez por todas unificar Italia y echar a los invasores para crear un estado de la nada. Y ahora, atención, porque viene el gran giro de guion. Porque si solo leemos El príncipe, nos quedamos con una foto muy incompleta y probablemente muy equivocada de Maquiabelo. Hay otra cara de su pensamiento que es sorprendente. Fijaos en esta cita. Es de su otra gran obra, los discursos. Es justo lo contrario de lo que nos esperaríamos. El mismo hombre que desconfiaba tanto de la gente ahora dice que el pueblo es más sabio que un gobernante. Pero, ¿qué está pasando aquí? Pues la explicación es esta. Para Maquiabelo, el príncipe autoritario es una medicina de choque, una solución drástica para una situación de caos total. Pero una vez que el Estado ya está fundado, una vez que es estable, la mejor forma de gobierno, la más gloriosa y la que más dura es una república inspirada en su querida Romantiu. Y aquí tiene una idea que suena increíblemente moderna. Él creía que una república sana no es una en la que todo el mundo está de acuerdo. Que va. Es una donde el conflicto entre las clases sociales, entre los ricos y el pueblo, no se esconde ni se suprime, sino que se canaliza a través de buenas leyes para generar libertad y fuerza. El conflicto, si se gestiona bien, es el motor del progreso. Entonces, ¿cómo juntamos estas dos caras de maquiabelo? ¿El que aconseja a los tiranos y el que es un republicano apasionado? La respuesta nos lleva directamente al corazón de todo su legado. Vamos a resumirlo en dos pasos muy claros. Primero, en la emergencia, en la crisis. Hace falta la mano de hierro de un príncipe para poner orden, pero segundo, y esto es la clave, eso es solo el medio para llegar al verdadero fin, una república estable y libre, donde el pueblo participa en el poder. Uno es el remedio amargo y el otro el estado de salud ideal. Y esto en el fondo es el gran legado de Maquiabelo. Nos desvela lo que podríamos llamar la tragedia de la política. nos obliga a mirar de frente al lado más oscuro del poder, quitando todos los velos de moralidad y de piedad para enseñarnos la cruda maquinaria que hay debajo. Y al final nos deja con esta pregunta que es inquietante y eterna. Una pregunta que hoy sigue siendo tan relevante como hace 500 años. Para hacer el bien a gran escala, para salvar a una comunidad entera, es necesario a veces hacer el mal y en el proceso arriesgarse a perder la propia integridad moral. Maquiabelo no nos da una respuesta fácil y quizá por eso su obra a día de hoy nos sigue fascinando.