← Volver al buscador
Material Complementario
IZQUIERDA MALA, DERECHA TONTA Polarización Afectiva y Perniciosa
Contenido extra: IZQUIERDA MALA, DERECHA TONTA Polarización Afectiva y Perniciosa
Transcripción
Una cosa es la polarización ideológica, que es la distancia entre ideas, algo que, bueno, hasta cierto punto es normal en una democracia. Pero otra cosa muy distinta es la polarización afectiva, y esto es el rechazo visceral, emocional a la persona que está en el otro bando. Este concepto se hizo muy conocido a raíz de un estudio clave en Estados Unidos. Los votantes de derechas tendían a ver a los de izquierdas como malvados, como gente con malas intenciones, mientras que los de izquierdas solían percibir a los de derechas como tontos, como ignorantes. El problema ya no eran las ideas, sino el desprecio personal. Los análisis suelen apuntar a tres grandes motores. El primero, que la política se ha convertido en una pieza central de nuestra identidad, de quiénes [música] somos. El segundo, que las élites políticas muchas veces utilizan estrategias de confrontación porque simplemente les da votos. Y el tercero, como no, el papel de los medios y las redes sociales, que nos van encerrando en burbujas donde solo oímos a los que ya piensan como nosotros. Es un proceso que se aceleró mucho con Bush, se hizo más profundo con Obama y, bueno, explotó del todo con Trump. Republicanos y demócratas no es que solo voten distinto, es que ven canales de noticias distintos, confían en fuentes completamente diferentes, viven en esencia en realidades informativas paralelas. Y en España, pues un análisis de la prensa de referencia de aquí revela un consenso bastante interesante. Son los propios medios los que suelen apuntar a las élites y a los partidos políticos como los principales responsables de inducir este clima de crispación. básicamente de plantear la política como una pelea constante para así movilizar a sus votantes. Cuando esta polarización llega a un extremo, los expertos le ponen un nombre muy gráfico, polarización perniciosa. Es dañina porque ataca directamente la capacidad de dialogar, de llegar a acuerdos mínimos y, en definitiva, de gobernar para todos. Pero, ¿hay alguna salida? Primero, algo obvio pero fundamental, exigir a los líderes que bajen el tono. Segundo, dar más voz a la gente joven que a menudo no está tan anclada en las batallas del pasado. Tercero, valorar el diálogo discreto, lejos de los focos y las cámaras, que es donde de verdad se puede generar confianza. Y cuarto, una apuesta más a largo plazo, fortalecer la educación cívica y apoyar a medios de comunicación más plurales. El objetivo no puede ser ganar la batalla y someter al otro. La verdadera despolarización pasa por reparar relaciones, por reconstruir puentes.