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ANTROPOLOGÍA FILOSÓFICA I - PREGUNTAS DE EXAMEN

La noción de hermenéutica como saber práctico

Transcripción

Muy buenas. Hoy vamos a meternos con un tema que suena muy filosófico, la hermenéutica. Pero ojo, no vamos a tratarla como una teoría abstracta y lejana, sino como lo que es en realidad un saber práctico, un conocimiento que se pone en acción en nuestro día a día. Claro, uno suele pensar que interpretar es como ser un detective del pasado, ¿verdad? como si desenterráramos un significado que estaba ahí fijo y enterrado. Pero y si interpretar fuera algo mucho más vivo, mucho más dinámico. Y si su verdadero objetivo no estuviera en el pasado, sino aquí en el presente, esa es la gran pregunta que vamos a intentar responder. Para aclarar todo esto, vamos a seguir una ruta bastante clara. Primero, nos preguntaremos por qué interpretamos y veremos que la clave es la aplicación. Después diferenciaremos entre saber práctico y saber técnico. Entenderemos por qué interpretar es más un diálogo que una fórmula matemática y finalmente veremos cuál es su objetivo en la sociedad y qué tipo de verdad nos ofrece. Venga, pues empezamos por el principio, que es lo fundamental. ¿Para qué nos tomamos la molestia de interpretar algo, ya sea una ley, un texto sagrado o cualquier tradición? A ver, la clave de todo esto es que interpretar no es un hobby. No lo hacemos por amor al arte, por así decirlo. Siempre, siempre hay una razón detrás, un objetivo que va más allá de acumular conocimiento. No es un ejercicio pasivo para nada, es una acción con un propósito muy concreto. Y ese propósito concreto nos lleva de cabeza al corazón de la hermenéutica práctica, que es este concepto, la aplicación. El filósofo Hans George Gadammer lo clavó con una frase muy simple: "Interpretar es aplicar". ¿Y qué significa esto? Pues que el sentido de un texto no es algo estático como una mariposa en un corcho que va el sentido cobra vida se activa justo en el momento en que lo usamos para algo, cuando lo aplicamos a una situación concreta que tenemos delante. Y ojo, que esto no es ninguna idea moderna, ¿eh? Pensemos en los ejemplos de toda la vida. Un teólogo no lee las escrituras para publicar un artículo de historia antigua, no las interpreta para dar guía a su comunidad hoy. O un juez que estudia el derecho romano no lo hace por cultura general, lo hace para poder dictar una sentencia justa en el caso que tiene entre manos. La interpretación al final siempre mira al presente. Vale, para pillar bien esto de la aplicación tenemos que hacer una distinción super importante, una que ya viene de Aristóteles, nada menos. La diferencia entre el saber práctico y el saber puramente técnico. La diferencia aquí es abismal. Fijaos, el saber técnico es un saber sobre cosas. Es como saber usar un martillo o seguir un manual de instrucciones. Es algo externo a nosotros. Lo aprendemos, lo usamos y ya está. No nos cambia como personas. Pero el saber práctico, lo que los griegos llamaban fronesis, es otra historia. Es un saber hacer que se te mete dentro, que se convierte en parte de quién eres. No es una herramienta que usas, es una cualidad que te define. Y la hermenéutica, claro, juega en esta segunda liga. Entonces, si interpretar es este tipo de saber, ¿cómo funciona exactamente eso de aplicar? ¿Es tan fácil como una regla y medir? Pues va a ser que no. Es bastante más interesante. Primero pensemos en la aplicación técnica. La fácil es un proceso mecánico de una sola dirección. Tienes una regla general, una fórmula, lo que sea, y simplemente la aplicas a un caso concreto. El caso nunca va a cambiar la regla, pero la interpretación práctica, eso es un diálogo, una conversación. Por un lado, tienes la norma, el texto, por otro, una situación real, única. Y aquí pasa la magia. Se iluminan el uno al otro. El caso concreto le da a la norma su sentido de verdad, la saca del libro y la pone en el mundo. Y a la vez la norma nos da un lenguaje, un marco para entender qué está pasando en esa situación. O sea, la interpretación no es el paso previo a la acción, la interpretación es la acción en sí misma. Muy bien, ya sabemos qué es y cómo funciona, pero y el objetivo para qué sirve todo esto al final del día. Pues mirad, la meta es totalmente social y práctica. Se trata de esto, de ayudar a que una comunidad se entienda a sí misma. a través de sus textos, de sus valores. ¿Para qué? Para poder dirigir la acción, es decir, para construir un entendimiento compartido que nos permita hacer cosas juntos, avanzar como grupo. Y claro, esto tiene una consecuencia bastante fuerte. Comprender en este sentido no es algo que se puede hacer desde la barrera de forma neutral, imposible. Cuando intentamos cocer una tradición, un valor y aplicarlo a nuestra vida, nos obliga a mojarnos, nos obliga a emitir un juicio, a decidir qué es lo correcto o lo mejor aquí y ahora. Todo esto lógicamente nos obliga a darle una vuelta a qué entendemos por verdad. Si interpretar es todo esto que hemos dicho, práctico, dialógico, orientado a la acción, ¿qué clase de verdad es la que sale de ahí? Aquí la distinción es clave. Por un lado está la verdad científica, la lógica, se basa en la demostración, busca la exactitud matemática, algo que se pueda verificar y que sea objetivo. Pero la verdad hermenéutica se mueve en otro terreno, el de la retórica. No busca demostrar, busca persuadir, busca el acuerdo racional. pertenece a ese lío maravilloso que es el mundo de la vida, lleno de historia, de cultura y de matices. Así que al final la cosa no va de encontrar la respuesta única, final y definitiva como si fuera un problema de matemáticas, no. El objetivo es mucho más pegado a la Tierra, más humano, si se quiere. Se trata de encontrar la mejor comprensión posible, la más razonable para una comunidad concreta en una situación específica. Es una verdad que está viva. Y con esto cerramos dejando una pregunta en el aire. Si aceptamos que en los asuntos humanos la verdad se construye así, a través del diálogo, buscando un acuerdo, ¿hasta qué punto podemos fiarnos de ese consenso racional como base para algo tan fundamental como la justicia? Ahí queda la reflexión. Muchas gracias por la atención.