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FILOSOFÍA POLÍTICA I
Tema 10 | Sobre la actualidad de la ciudadanía | Versión simplificada
Filosofía Política I - Grado de Filosofía - 2º año UNED
Basado en un texto de Fernando Quesada
Creado con Notebook LM
Transcripción
Esta es en el fondo la pregunta del millón, porque la respuesta hoy ya no es tan fácil como decir tener un DNI o un pasaporte. La cosa se ha complicado mucho y, de hecho, está en el centro de los debates políticos más importantes de nuestra época. Para no perdernos, esta es la hoja de ruta. Primero vamos a ver qué es eso de la ciudadanía en el mundo actual. Luego analizaremos los dos grandes desafíos que la amenazan, según Quesada. Y por último, lo más interesante, veremos su propuesta para reconstruirla. Venga, pues vamos al lío. La idea de ser ciudadano o ciudadana ha dejado de ser un simple estatus legal para convertirse en algo mucho más complejo y, la verdad también mucho más frágil. A ver, esta definición de Quesada es clave. La ciudadanía no es una cosa o la otra, es justo la intersección. Pensemos en dos ejes que se cruzan. Uno es el de la justicia, el de los derechos que tenemos todos por igual. El otro es el de la comunidad. el del sentimiento de pertenecer a un lugar, a una cultura. Pues bien, la ciudadanía está justo en ese cluce, en ese equilibrio. ¿Y cuál es el problema? Pues que en el mundo en que vivimos, con la globalización, las crisis económicas, la revolución digital, todo se está fragmentando. Parece que la política pierde fuelle y ese vínculo que nos une como ciudadanos está como vaciando por dentro. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues que Sada propone un plan de ataque en tres frentes a la vez. No basta con decir, "Tenemos derechos." Hay que diseñar instituciones, leyes que permitan ejercerlos de verdad. Y superimportante, hay que fomentar una cultura cívica. Educar en ciudadanía es una estrategia total. Vamos ahora con el primer gran desafío. Una de las corrientes que según el análisis debilita esa idea de ciudadanía para todos por igual es la que nos dice que nos refugiemos en nuestras comunidades más cercanas. Antes de seguir, esta tabla nos da una visión general muy útil. Veremos que hay dos grandes críticas a la ciudadanía moderna. la neoconservadora, que se mueve en una lógica moral y cultural, y la neoliberal, que veremos después, que va más por una lógica de gestión, de eficiencia. Son dos caminos muy distintos, pero que llevan a un lugar parecido, a un ciudadano más débil. La idea de fondo del neoconservadorismo es esta. El Estado se ha hecho tan grande que ha acabado por asfixiar a las comunidades de verdad como la familia, la iglesia, el barrio. Su propuesta es, por tanto, devolver el poder y el protagonismo a esos grupos, que es donde dicen que se forjan los valores morales. Pero ojo, que Sada advierte de tres peligros muy serios aquí. El primero, el particularismo, que la lealtad a mi grupo pase por encima de la igualdad de todos. El segundo, el cierre identitario, que estas comunidades se vuelvan sectarias y no acepten al que es diferente. Y el tercero, que es quizá el más útil, la despolitización, que el debate público ya no sea sobre justicia o reparto de la riqueza, sino solo si tenemos buenas o malas costumbres. Pasamos al segundo gran reto y este es uno que seguramente nos suena mucho más porque lo vemos todos los días, la idea de que el ciudadano es en realidad un cliente del estado. Aquí la lógica que se impone es la del mercado, pura y dura. El Estado deja de ser ese espacio común donde decidimos nuestro futuro y se convierte en una especie de gran empresa que nos da servicios y nosotros, claro, dejamos de ser ciudadanos soberanos para ser meros consumidores y esto tiene consecuencias muy reales. Primero, el ciudadano usuario. Ya no participamos, solo consumimos y ponemos reclamaciones. La soberanía se cambia por la satisfacción del cliente. Segundo, la postemocracia. Las decisiones importantes ya no se toman en el Parlamento, sino en comités de expertos que nadie ha elegido. Tercero, el disciplinamiento. Para acceder a un derecho social tienes que demostrar que eres un ciudadano activo y responsable. Y por último, se nos olvida algo fundamental, que los derechos no caen del cielo. Son conquistas políticas que hay que seguir defendiendo. Bueno, después de este diagnóstico que puede sonar un poco pesimista, viene la parte constructiva, porque Quesada no se queda en la crítica, sino que propone un plan muy ambicioso para darle la vuelta a la tortilla. La hoja de ruta que plantea es muy completa. Habla de sumar los nuevos derechos como los digitales a los de siempre. Propone crear formas nuevas de participar como los jurados ciudadanos. pide invertir en educación cívica y reconocer trabajos esenciales como los cuidados. Defiende que hay que ser inclusivos con vías claras para la ciudadanía de los migrantes y pone el foco en dos temas cruciales hoy. Regular las grandes plataformas digitales y asegurar que la lucha por la seguridad nunca sea una excusa para recortar libertades. Y llegados a este punto, la pregunta es casi obligada. ¿Para qué todo este esfuerzo? ¿Por qué es tan importante pelear por reconstruir la ciudadanía en vez de aceptar sin más estas nuevas lógicas de mercado o de comunidad cerrada? La respuesta es esta y es la idea central de todo. Lo que Quesada nos dice es que la ciudadanía no es un concepto viejo o pasado de moda. Es ni más ni menos que el motor de la democracia. Sin una ciudadanía fuerte, la democracia se convierte en un simple trámite, en obediencia. Pero con una ciudadanía reconstruida, activa, la democracia vuelve a ser lo que siempre debió ser, nuestra herramienta para decidir entre todos cómo queremos que sea nuestro mundo. No.