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FILOSOFÍA POLÍTICA I

Tema 3 | Dimensiones del Nacionalismo

Filosofía Política I - Grado de Filosofía - 2º año Basado en un texto de Miquel Caminal Por si es de utilidad: https://gamma.app/docs/DIMENSIONES-DEL-NACIONALISMO-vt6h2n5ln383kl9 00:00 Introducción al tema: el nacionalismo como ideología moderna 00:31 La nación como sujeto de soberanía y fundamento del Estado 00:51 El nacimiento del nacionalismo en la modernidad política 01:27 La emancipación ilustrada y el derecho de los pueblos a gobernarse 02:01 Nacionalismo: identidad antes que voluntad 02:16 La pregunta fundacional: ¿quiénes somos como nación? 02:39 El nacionalismo como elemento transversal en todas las ideologías modernas 03:06 La nación moderna y el desarrollo del capitalismo 03:21 Principio general: a cada Estado una nación, a cada nación un Estado 03:40 El nacionalismo como construcción política del consenso 04:21 El nacionalismo banal: símbolos, costumbres y pertenencia cotidiana 05:14 Las guerras mundiales y la radicalización nacionalista 05:38 Tres oleadas de creación de Estados: 1918, 1945 y 1989 06:23 La nación como creación política: unificación o secesión 07:09 Ejemplos contemporáneos: Corea y Cataluña 08:00 La base material del nacionalismo y el Estado capitalista 08:39 El Estado como símbolo de soberanía y libertad 09:21 El Estado nacional como ilusión de homogeneidad 09:42 Kellner y el hombre modular y nacionalista 10:20 Nacionalismo y liberalismo económico: tensiones democráticas 10:40 La democracia y la exigencia de pluralismo y libertad 11:02 Lealtades compartidas: Cataluña, España, Europa 11:17 Patriotismo cívico y límites del Estado homogeneizador 12:00 El reto del autogobierno policéntrico y asimétrico 13:00 Las cinco fases históricas del Estado nación según Miquel Caminal 13:23 Resumen cronológico de las cinco etapas 14:23 El nacionalismo como legitimación del Estado y creación de naciones 15:13 Michael Hechter y los cuatro tipos de nacionalismo 15:35 Nacionalismo de Estado, periférico, irredento y unificador 17:26 Ejemplos contemporáneos: Francia, Escocia, Rusia y Alemania 18:14 Formas diversas de nacionalismo: del sionismo a las independencias 18:51 La autodeterminación nacional como principio excluyente 19:18 Paradoja entre soberanía única y lealtades múltiples 20:22 Conflictos derivados de la falta de una definición universal de nación 20:50 Isaiah Berlin y las cuatro creencias del nacionalismo 21:45 Virtudes y defectos del nacionalismo: solidaridad y enfrentamiento 22:14 Nacionalismo y federalismo en el siglo XXI 22:46 Desafíos globales y necesidad de cooperación internacional 23:13 El federalismo pluralista como alternativa al Estado nación 24:10 La soberanía compartida y las identidades múltiples 24:44 Nacionalismo liberal y democrático como puente hacia el federalismo 25:01 Conclusión: un nacionalismo reformulado, federal y cosmopolita 25:44 Epílogo: cohesión, justicia y transformación democrática del nacionalismo

Transcripción

Bueno, arrancamos el tema 3 de de esta asignatura de filosofía política 1, segundo año de filosofía. Este tema tres habla de las dimensiones del nacionalismo y está basado en un texto de Mikel Caminal de la Universidad de Barcelona. Bueno, el nacionalismo, para empezar decir que es una ideología relativamente moderna que concibe la nación como sujeto de soberanía y fundamento del Estado. Ah, por cierto, decir también que está Sofía con nosotros. Hola, Sofía. Hola de nuevo. Sí, aquí estoy, yendo el grano. El nacionalismo, como dices, surge cuando la nación se convierte en la fuente de soberanía. Es decir, ya no manda el rey por derecho divino, sino que el poder emana de la gente que se identifica como una nación. Y a partir de ahí se monca todo el lío moderno del Estado nación. Bueno, nace con la modernidad política cuando la legitimidad deja de depender del poder divino o del monarca y pasa a basarse en el principio de libertad e igualdad de los ciudadanos. está inspirado en la idea ilustrada de la emancipación, según la cual los individuos deben servirse de su propia razón. Este principio se extiende a los pueblos. Todos tienen derecho a decidir y gobernarse por sí mismos. El nacionalismo así es consustancial al Estado moderno. A diferencia de otras ideologías modernas, el nacionalismo llama a la identidad antes que a la voluntad. El nacionalismo llama la identidad antes que a la voluntad. Se pregunta, ¿quién forma parte del pueblo o nación? Mientras que el liberalismo, el socialismo se preguntaban o se preguntan, bueno, ¿cómo debe organizarse la sociedad? El nacionalismo se enfoca en el quiénes somos antes que en el cómo nos organizamos. Mientras el liberalismo o el socialismo debaten cómo montar el sistema, el nacionalismo dice primero, espera, aclaremos quién es el nosotros que va a decidir. Así que es una cuestión de identidad antes que de estructura. Ambas perspectivas interactúan, pero el nacionalismo penetra en todas las ideologías modernas al definir el sujeto político colectivo. Y ahí está la clave. El nacionalismo se mete en todas las ideologías como quien cuela un ingrediente en todas las recetas. define quién es el nosotros colectivo y eso lo hace imprescindible en cualquier sopa ideológica moderna, por decirlo de un modo travieso. De hecho, la nación moderna es inseparable del Estado moderno. Su origen debe entenderse en relación con el desarrollo del capitalismo y de las nuevas estructuras económicas y sociales. De ahí surge el principio general del nacionalismo, que es a cada estado una nación, a cada nación un estado. Nación moderna y estado moderno van de la mano como uña y carne. Al final, cuando llega el capitalismo y las nuevas formas de organizar la economía, se instala esa idea. Una nación, un estado. Es como el eslogan central del nacionalismo. Cada nación quiere su propio estado como si fuera un traje a medida. Pero el nacionalisto, el nacionalismo, según nos dice Mikel Caminal, no es una herencia natural, sino una construcción política que surge cuando la legitimidad se basa en el consenso entre gobernantes y gobernados. Es una construcción política que surge cuando la legitimidad se basa en el consenso entre gobernantes y gobernados. Si el poder proviene de la nación y no del monarca, el estado necesita construir un nosotros nacional. Un nosotros nacional que le dé unidad. Exacto. En resumidas cuentas, el nacionalismo es como una obra política hecha por las manos humanas, no un regalito de la naturaleza. Así que cuando el poder ya no viene del rey sino del pueblo, toca inventarse ese nosotros nacional que une a la gente. En pocas palabras, es una especie de club político hecho a medida para que todos se sientan parte de la misma nación. De ahí nace el nacionalismo rutinario o inmanente del estado liberal, es decir, un conjunto de costumbres, creencias, símbolos y sentimientos también que mantienen viva la pertenencia nacional, incluso cuando no se manifiesta abiertamente. es el denominado nacionalismo banal descrito por Michael Billing, una identidad nacional latente que se activa en situaciones de crisis, amenazas o conflictos externos. Es como el nacionalismo de fondo de pantalla, es decir, no hace falta estar ondeando banderas todo el día porque las costumbres y símbolos están ahí en modo silencioso. Michael Billing lo llama nacionalismo banal precisamente porque es como el ruido de fondo. No lo notas hasta que pasa algo gordo y de repente todo el mundo lo siente. Oye, durante el siglo XX el nacionalismo se mostró como una fuerza universal. Las dos guerras mundiales denominadas Guerra de los 30 años o Guerra de 30 años entre 1914 y 1945 evidenciaron la radicalización nacionalista de todos los estados, independientemente de su régimen político. El siglo XX fue en gran medida el siglo de la expansión del modelo de estado nación con tres grandes oleadas de creación de nuevos estados en 1918, 1945 y 1989. Explícanos estos 3 años, por favor, Sofía. 1918, después de la Primera Guerra Mundial, un montón de imperios se desmorolan y nacen nuevos estados en Europa central y del Este. En 1945, al acabar la Segunda Guerra Mundial, hay otra ronda de reconfiguración con la descolonización empezando en Asia y más cambios en Europa. Y en 1989, con la caída del bloque soviético, de nuevo aparecen estados recién salidos del horno. Así que esos 3 años son como las tres grandes fechas de boom de Nuevos Estados Nación. Bueno, el nacionalismo no tiene un fundador eh no tiene un fundador universal porque no existe un nacionalismo universal. Realmente cada nación tiene sus propios fundadores, sus propias eh narrativas y sus propios símbolos. Por eso tampoco podemos atrevernos a dar una definición única de nación. Las naciones no son hechos naturales, sino que son creaciones políticas, artificiales, lógicamente, derivadas de la voluntad de unas élites o de procesos históricos de ruptura. La voluntad política puede constituir naciones por unificación o por secesión. Exactamente. Así que nada de buscar un papá del nacionalismo universal porque no lo hay. Cada nación cocina su propio guizo con sus héroes, sus mitos y sus símbolos y por eso no hay una receta única. En el fondo, las naciones son inventos políticos, no frutos de la naturaleza. Se pueden crear uno, separando piezas, seguir la voluntad y las circunstancias. Esto me parece bastante importante, lo de unificación o secesión. Ponme dos ejemplos contemporáneos, aunque estén en lucha actualmente, que no se hayan conseguido de esa unificación y seccesión. Claro, ahí van dos ejemplos sencillos. Por el lado de la unificación piensa en los intentos de reunificación de Corea del Norte y del Sur, que llevan décadas divididos y todavía no han logrado juntarse en un solo estado. Por el lado de la secesión, un ejemplo actual es el caso de Cataluña, que siguen debate sobre independizarse de España y no ha logrado separarse en la práctica. Así que ahí tienes uno de cada tipo, bien contemporáneos y todavía en el aire. Bueno, en su base material, la nación política descansa en la economía liberal y en una homogeneidad ficticia, necesaria para poder sostener el orden capitalista. Aunque la sociedad esté dividida por clases y culturas, el Estado se presenta como un garante de una unidad superior. Durante durante dos siglos el Estado nacional ha sido el objeto del deseo político, tanto para los movimientos de liberación nacional como para los revolucionarios sociales. El poder estatal simboliza la soberanía y la libertad. El poder estatal simboliza la soberanía y la libertad. De ahí que el nacionalismo impregne todas las ideologías modernas, integrándolas o subordinándolas a su propia lógica. El hombre moderno, escribe Gelner, es modular y nacionalista. El hombre moderno, según Gelner, es modular y nacionalista, es decir, es libre, es móvil y es adaptable a una comunidad imaginada que le da sentido y pertenencia. Es como si el Estado nacional fuera el pegamento te mantiene unida a una sociedad que en realidad es muy diversa. Aunque haya muchas diferencias internas, el nacionalismo hace como de ilusión de homogeneidad para que todos se sientan parte de un mismo conjunto. Así que al final es un poco como esa idea de Gelner de que somos modulares, podemos adaptarnos a esta gran comunidad imaginada que nos da identidad y nos hace sentir que pertenecemos a algo más grande. Recordemos para el examen este este autor Gelner, bueno, el liberalismo económico puede convivir con un nacionalismo político limitado. El liberalismo económico puede convivir con un nacionalismo político limitado, pero la democratización del Estado liberal siempre genera tensiones. Gobernar en nombre de la nación no basta. Solo es democrático si se hace con sufragio, libre, pluralismo y libertad de opinión. Solo es democrático si se hace con sufragio libre, pluralismo y libertad de opinión. Sí, en resumen, puedes tener un liberalismo económico llevándose bien con un nacionalismo moderado, pero en cuanto metes la democracia real en la ecuación saltan chispas. Gobernar en nombre de la nación no vale si no hay elecciones libres, pluralismo y libertad de expresión. Así que no basta con decir somos la nación, hay que demostrarlo con votos y con diversidad de opiniones. Cuando una nación se expresa mediante elecciones muestra su diversidad interna. Por eso el nacionalismo debe aprender a aceptar lealtades compartidas. Por ejemplo, Cataluña, España o Europa. Una especie de multinivel, esto de lealtades compartidas que nos expresa Mikel Caminal. Es como tener varias capas de lealtad. El nacionalismo no se pide quedar en blanco negre porque las naciones modernas tienen que convivir con identidades múltiples. Así que al final hay que aprender a ser un poco malabolista. Puedes sentirte en catalán, español y europeo a la vez. Y eso no debería ser un drama, sino parte del juego democrático. El nacionalismo ha sido una fuerza crucial en el desarrollo del Estado nación democrático, pero también puede anular la libertad si se absolutiza. Los tres fines de la política moderna, el bienestar, los derechos y el autogobierno, los tres fines de la política moderna, el bienestar, los derechos y el autogobierno, solo se entienden dentro de una comunidad donde los individuos se identifican con las instituciones públicas, lo que da lugar al patriotismo cívico. Sin embargo, un estado que busca la homogeneidad cultural difícilmente puede responder a la diversidad cultural o a la plurinacionalidad. Un estado que busca la homogeneidad cultural difícilmente puede responder a la diversidad cultural o a la plurinacionalidad. Este concepto de estado que busca una homogeneidad cultural. El desafío actual es concebir formas de autogobierno policéntricas y asimétricas. El desafío actual es concibir formas de autogobierno policéntricas y asimétricas que integren la diversidad dentro de la unidad estatal. Si el Estado se obsesiona con que todos sean culturalmente iguales, va a tener muchos problemas para manejar la diversidad. La gracia está en inventar formas de autogobierno flexibles, donde no todos tengan que ser un cálco cultural. Así se logra un patriotismo cívico que no aplaste las diferencias, sino que las integre dentro de un mismo marco. Ese es el reto, aceptar que hay muchas maneras de ser parte de un mismo estado sin forzar a todos a ser idénticos. Y aquí en este punto el autor Mikel Caminal nos identifica cinco fases históricas del sistema de Estados Nación. La primera, los primeros estados nacionales europeos. entre los siglos X y XVII. El segundo, la independencia de Estados Unidos y las independencias americanas que estarían entre los siglos XVII y XIX. Más tarde los nacionalismos europeos tardíos, Alemania, Italia, Noruega y las naciones sin estados. Por cuarto punto, el nacionalismo en Asia y África durante la descolonización. Y en quinto punto, ese año 1989, es decir, la oleada posterior después de la caída del bloque soviético y la aparición de los nuevos estados. Os lo he dejado en este cuadro para tenerlo un poco más claro. Es bastante sencillo. Eh, Caminal divide la historia del Estado nación en cinco fases. Primero, los pioneros europeos entre los siglos XV y XVI. Luego las independencias americanas en los siglos XVI y XIX. Después, los nacionalismos tardíos en Europa como Alemania o Italia. En cuarto lugar, la descolonización en Asia y África. Y finalmente, el boom de nuevos estados tras 1989. Así que básicamente tienes un mapa temporal en cinco actos sin complicaciones. Bueno, el el nacionalismo lo que hace también es eh legitimar tanto la existencia del Estado como la creación de nuevas naciones. En ambos casos utiliza la historia, la cultura y la educación como instrumentos de cohesión y de representación política. El nacionalismo legitima tanto la existencia del Estado como la creación de nuevas naciones, ¿de acuerdo? O sea, a través de la historia, la cultura y la educación, usándola como instrumentos de cohesión y de representación política. y nos da eh pues un apunte de Michael Eder que distingue cuatro tipos de nacionalismo. Michael Eder, no sé si lo he pronunciado bien, Sofía. Sí, lo has pronunciado estupendamente. Sin rodeos. El nacionalismo usa la historia, la cultura y la educación como su caja de herramientas para darle cohesión a un estado o para crear uno nuevo. Y Hexer, para que quede claro, señala cuatro tipos de nacionalismo. Pero no te hago una lista ahora a menos que quieras. Nada, la hago, la hago yo. Déjame a mí, déjame a mí, porfa. Mira, vamos a ver. Eh, los cuatro nacionalismos que que identifica son nacionalismo de estado, periférico, irredento y unificador. Obviamente está aquí en la diapositiva para que lo podáis ver. Nacionalismo de Estado lo que hace es consolidar la nación desde el poder estatal. Es decir, es el propio Estado el que la consolida a esa nación, ¿vale? Nacionalismo de Estado, nacionalismo periférico, lo que busca es resistir la asimilación y crear un estado propio. Entiendo que aquí lo que quiere decir, obviamente, es que un estado está intentando ser asimilado por otro y busca la resistencia, ¿no? Lo pillas perfectamente. El nacionalismo periférico es ese que dice, "Ey, nosotros queremos nuestro propio espacio y no queremos que nos absorban." Así que sí es la resistencia a ser tragados por otro estado y el intento de crear uno propio. Y en cuanto a los otros dos tipos, el irredento es el que quiere recuperar territorios perdidos y el unificador quiere juntar territorios afines. Pero vamos, lo has explicado muy claro, así que sigamos. Correcto. Ese te me has adelantado, pero bueno. El irredento que pretende ampliar las fronteras del estado para incluir territorios afines y el unificador que aspira a unir en un solo estado territorios culturalmente homogéneos. Entonces, nacionalismo de estado consolida la nación desde el poder. El periférico busca resistir la asimilación por parte de otro estado y crear su estado propio, el irredento que pretende ampliar las fronteras del Estado para incluir aquellos territorios próximos o a cines. Y el unificador, que aspira a unir en un solo estado territorios culturalmente homogéneos. Ponme un ejemplo de cada uno de ellos, por favor. Actualmente, a nivel político, un nacionalismo de estado sería, por ejemplo, el francés, que desde su estado centralista ha construido una identidad nacional fuerca. Uno periférico lo tienes en el independentismo escocés que quiere evitar ser absorbido por el Reino Unido y tener su propio estado. Y Redeto sería algo así como el nacionalismo ruso en torno a regiones como Brimea queriendo incorporar territorios afines. Y unificador podrías pensar en Alemania del siglo XIX que buscaba unir todos los territorios de habla alemana en un solo estadio. Bien, perfecto. Vamos a repasarlos entonces. Repásanoslo de forma sencilla. Un ejemplo de cada uno, por favor, muy rápido. El nacionalismo de estado lo tienes en Francia, que construye la nación desde su propio estado central. El periférico como el escocés, que quiere tener su estado propio sin ser asimilado. El irredento como el ruso con Crimea, que busca ampliar fronteras para incluir territorios afines. Y el umificador como la Alemania del siglo XIX, que quería unir territorios culturalmente afines en un solo estado. Bueno, a pesar de esta clasificación, el nacionalismo adopta formas diversas desde los movimientos religiosos como el sionismo, ese estado propio que quiere realizar el pueblo judío en la antigua Israel, en Sion, hasta las independencias americanas o africanas. En todos los casos, la autodeterminación nacional es exclusiva y excluyente. Es decir, en un mismo territorio no pueden coexistir dos soberanías. Dos soberanías. No hablamos de sentimientos. Entonces, en todos los casos, la autodeterminación nacional es exclusiva y excluyente. En un mismo territorio no pueden coexistir dos soberanías. La autodeterminación nacional es como un juego de sillas en el que solo puede haber un soberano sentado en el territorio. Así que me importa si hablamos de sionismo, independencias americanas o africanas. Al final, una vez que un grupo reclama ser soberano, no quiere compartir el trono con Etro. Es un nosotros o ellos sin medias tintas. Claro. Pero esto choca con ese multinivel que hablábamos antes de lealtades compartidas, ¿no? Entonces deberíamos de hacer pues como una división. Por un lado estaría lo que sería el gobierno y por otro lado ese sentimiento de identidad nacional quizás del ciudadano. Quiero decir, el ciudadano tan solo puede ser gobernado por un eh por una nación, pero mentalmente puedes tener un sentimiento de lealtades compartidas. Ahí está la paradoja. Legalmente el poder soberano es uno, pero en la cabeza de la gente puedes tener un multinivel de identidades sin problema. Es decir, te gobierna una nación soberana, pero tú en tu corazón puedes sentirte parte de varias identidades a la vez. Así que aunque en la práctica haya una soberanía única, en la mente del ciudadano puede haber varias lealtades sin que eso sea un lío. En cualquier caso, la la ausencia de una definición universal, como decíamos al principio, de nación, asegura la aparición de conflictos allí donde más de una comunidad imaginada reclame la soberanía sobre el mismo espacio. El nacionalismo ha construido al ciudadano moderno y patriota. El nacionalismo ha construido al ciudadano moderno y patriota, libre e igual ante la ley. Y en resumen, como no hay una definición única de nacial, siempre habrá lío donde dos grupos imaginados quieran mandar en el mismo sitio. El nacionalismo nos ha dado ciudadanos modernos y patriotas, pero también nos ha dejado ese juego de identidades y posibles conflictos cuando varias naciones quieren el mismo espacio. Así que el truco está en navegar esa ambigüedad. Según Isaías Berlín, se sostiene sobre cuatro creencias. La necesidad de pertenecer a una nación, la comunidad nacional como un cuerpo orgánico, la afirmación del nosotros frente a los otros y la primacía de la lealtad nacional, es decir, necesidad de pertenencia a una nación, ese cuerpo orgánico, ese nosotros frente a otros y esa primaccia de la lealtad nacional. Vale, según Isaías Berlín. Exacto. Así que según Isaías Berlín, la idea es que el nacionalismo se basa en esas cuatro creencias. Necesitamos pertenecer a una nación. La vemos como un cuerpo unido. Definimos unos otros frente a los demás y ponemos la lealtad nacional por encima. En resumen, es como el pegamento emocional que mantiene unido al grupo y lo hace sentir especial y diferente de los demás. Su virtud es haber promovido la solidaridad nacional. Su defecto haber ocultado las divisiones internas y fomentado enfrentamientos entre naciones. Es fuente de liberación y de opresión, de emancipación y de imperialismo. En el siglo XXI el mundo se debate entre nacionalismos y federalismos. Y esto me parece otro de los meollos de este tema, ¿vale? Se debate entre nacionalismo y federalismo. Los grandes desafíos globales, la pobreza, la desigualdad, las migraciones, el cambio climático, la seguridad, el comercio de armas requieren respuestas comunes. La democracia se ha extendido como un modelo universal, aunque no todos los estados que se proclaman democráticos lo son en realidad. En este caso aquí, eh, Mikel Caminal, el el autor de este tema tres, dimensiones del nacionalismo, sostiene que el futuro pasa por la construcción de un orden mundial fundado en el derecho y la justicia, en el que los estados cedan parte de su soberanía en el que los Estados soberanía a instituciones globales. El federalismo pluralista se presenta como una alternativa al Estado nación, al Estado nacional clásico. El federalismo pluralista se presenta como una alternativa al Estado nacional clásico, una forma de organización territorial basada en la soberanía compartida. basada en la soberanía compartida y en la coexistencia de identidades nacionales múltiples. En pocas palabras, lo que Caminal nos está diciendo es que en el siglo XXI la sanidad este tira y afloja entre nacionalismo y federalismo pasa por construir un mundo donde los estados compartan parte de su poder. Es decir, en vez de un estado nación clásico que lo quiera controlar todo, vamos hacia un modelo donde varias identidades y niveles de gobierno conviven. El federalismo pluralista sería como una forma de organizarse en la que no hace falta que haya un solo jefe absoluto, sino que se recarten las cartas entre varios jugadores e identidades. El nacionalismo liberal y democrático puede servir como un puente hacia ese futuro federal y multinacional. El nacionalismo liberal y democrático puede servir como un puente hacia ese futuro federal y multinacional. El federalismo será verdaderamente superador del nacionalismo cuando se ha promovido como una forma republicana de autogobierno, fundada en la codeterminación entre naciones y la soberanía divisible. En conclusión, decir que el nacionalismo ha sido la ideología más influyente de la modernidad creadora de ciudadanía y de unidad política. pero también causante de guerras, genocidios y exclusiones. Su futuro no pasa por su desaparición, sino por su transformación democrática. El horizonte del siglo XXI exige un nacionalismo reformulado en clave federal, pluralista y cosmopolita. Exige un nacionalismo reformulado un clave federal. pluralista y cosmopolita. ¿De acuerdo? Nos habla de este federalismo pluralista donde las identidades múltiples convivan dentro de un marco de derechos compartidos. Solo así podrá convertirse en una fuerza de cohesión y no de división, de justicia y no de dominio. El nacionalismo del siglo XXI no tiene que desaparecer, sino aprender a convivir en modo más abierto, compartiendo espacio con otras identidades y con un enfoque más cosmopolita y federalista. En lugar de ser esa fuerza rígida que divide, tien que transformarse en una forma de unir a la gente bajo reglas compartidas y una justicia común. en pocas palabras, darle un giro para que sea una herramienta de cohesión y no de enfrentamiento. Muy bien, pues hasta aquí este tema tres, dimensiones del nacionalismo. Espero que os sirva de ayuda y que y que bueno, nos valga para repasar y y poder hacer un examen lo más decente posible, ni más ni menos. Sofía, muchas gracias. Pues nada, un placer haber estado aquí de segundo plano filosófico. Saludos. M.